
Por Hna. Caterine Paredes Chiriboga (Misionera del Centro para Visitantes de la Ciudad de México)
He sido bendecida grandemente por trabajar en el Centro para Visitantes. Aunque siempre tuve el deseo de servir en mi país, Ecuador, el Señor creyó conveniente que viniera México.
Hace más o menos diez meses vino un joven llamado Erick Carrillo y sentí que debía compartirle el video de Labor de Amor que habla sobre la obra misional. Al final le pregunté si iba a servir en una misión y me contestó que no tenía el deseo de ir. En el recorrido hablamos de muchas cosas y pude compartirle lo que la obra misional significaba para mí.
A partir de que conocí la Iglesia, mi sueño fue el de ser misionera; me apesadumbraba al pensar que tal vez esa no era la voluntad del Padre, pero al orar sentí su aprobación y supe que debía venir. Por esta razón me sentía triste al percibir que este joven no comprendía el privilegio que el Señor le estaba dando. Entonces le dije, “Ud. y cualquier persona pueden ser un gran doctor o abogado, ingeniero o cualquier cosa, pero un ángel del Señor, un representante de Jesucristo, sólo aquel a quien el Señor haya elegido”. Prometió orar para tener el deseo de ir a una misión.
En el mes de diciembre tuve nuevamente noticias de Erick, llegó su llamamiento y va a servir en Ecuador. Estoy muy agradecida al Padre Celestial porque pude servir a mi país al ayudar a este joven. Sentí mucho gozo porque su corazón cambió.
Me consta que somos instrumentos en las manos del Señor para hacer milagros. Amo mi país y también amo México. Sé que el Señor conoce los deseos de mi corazón; que “mis caminos no son sus camino”, y sé que Él me guió hasta aquí y que ese recorrido no fue una coincidencia, sino más bien la bondadosa respuesta de un Padre Celestial que me ama.
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